Pero Luis Mari Sota ya no está en esas calles para seguir transmitiendo y recibiendo emoción. Y digo recibiendo porque él también sintió el personaje y vibró con él. Él que podía haber heredado los mismos temores que atenazaban a otros, hizo sin embargo de cada Nochebuena un día especial en su vida. Era auténtico, “de verdad “, porque sentía como un Olentzero, porque las sonrisas de los niños eran también las suyas, porque aprendió a vivir la fiesta con la misma carga de emoción que reflejaban aquellos que levantaban sus manos para tocarle. Porque para él no existían tampoco “monárquicos”, “republicanos”,”hindúes” o “cristianos”. Eran niños y él el alma de OLentzero.
(Un pequeño homenaje a Luis Mari Sota) (más…)